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Escrito por Javier Mora   
Sábado, 02 de Junio de 2012 17:57

México, 2011
Dirección: Emilio Portes Castro
Reparto: Joaquin Cosío, Carlos Cobos, Eduardo España, Ana Serradilla, Ernesto Yañez
Duración: 90 minutos

Nota Cinecritic
Buena
 
   
De una manera muy particular el director Emilio Portes Castro (Conozca la cabeza de Juan Pérez, 2008) lleva a la pantalla una de las más arraigadas tradiciones mexicanas que, podría decirse, sale de todo lo que se ha escrito o realizado hasta ahora.
La película narra lo sucedido a un policía de la ciudad de México, que por mucho años ha interpretado el papel del diablo en la representación navideña de su parroquia local y que, por aras del destino, tiene que cambiar de párroco y el nuevo cura, para establecer su autoridad y aconsejado por algunos feligreses, cambia los papeles y deja fuera al actor principal sin una razón aparente; y a pesar de que la obra competiría junto con otras de similar esquema dentro de un concurso nacional, no cede ante las presiones, a veces no tan ortodoxas del policía por recuperar su lugar.
La excelente selección de actores imprime una fuerza muy especial a la película en la cual se combinan el histrionismo de grandes actores de la talla de Joaquín Cosío (Salvando al soldado Pérez, Quantum of solace), actor internacional, el cual se ha caracterizado por imprimir una fuerza excepcional a los personajes que representa; Ana Serradilla (Un mundo raro, 2001; La otra familia, 2011), también aporta con su actuación a la trama de la cinta y Eduardo España (Santos peregrinos, 2004; Los héroes del norte, 2010) quien es la contraparte del personaje principal y aporta el cariz cómico a la cinta. El humor negro está presente dentro de las muchas situaciones que se vislumbran durante la vorágine de eventos que conforman el filme.
La cinta comienza de manera casual y el espectador no sabe realmente qué esperar; pero a medida que se desenvuelve la trama, las situaciones cómica y satíricas van llevando al publico de un lado a otro en escenarios de la cuidad que por cierto no son los clásico lugares turísticos y más concurridos, sino en algunas tomas se refleja la realidad de un pueblo de clase media que trata por todos los medios de mantener sus tradiciones. Las vistas de los atrios de algunas iglesias de la ciudad de México parecen salidas de un pueblo colonial perdido en la provincia mexicana y no en la gran urbe azteca.
Las tomas, la fotografía y toda la historia están muy acordes con el matiz y la visión que pretende dar el director; el final es algo que nadie espera y solo viéndolo se puede creer los alcances que el director tiene para lograr mantener la atención de la audiencia. Es un final que rompe todos los esquemas y el cual a muchos parecería exagerado y fuera de foco, pero hay quien opina que es una obra maestra del genero del surrealismo por la explosión de imaginación por parte del autor; quizá sea un toque de genialidad o tan solo un burdo sueño de opio por parte del director y eso se deja a la opinión del espectador.
El cine mexicano está tratando de salir de ese pozo en el que ha caído de narco películas y cintas de denuncia que están atiborrando la industria del cine en México en los últimos años; el cine es una manera de entretener y sacar al publico de una realidad que a veces lastima y lacera a un pueblo de por sí abrumado por la realidad y Pastorela logra dar un poco de escape, de relajamiento y de real entretenimiento a un pueblo que de verdad lo necesita.

Javier Mora
  Pastorela