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El cine es de esencia realista
Jueves, 06 de Noviembre de 2008 19:36

Entrevista con el realizador y guionista de Partes Usadas, Aarón Fernández
 
   

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Cinecritic.biz inaugura su sección de entrevistas con el joven director mexicano Aarón Fernández cuya ópera prima, Partes Usadas, ganó el premio especial del jurado en la tercera edición del Festival de Cine Latino de París, además del premio a la Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine de Guadalajara y el Premio "Glauber Rocha" a la mejor película latinoamericana en el Festival des Films du Monde de Montreal.
A lo largo de nuestra charla surgieron temas tan amplios como los comienzos de su vocación por el cine, sus referentes estéticos, cómo surgió la idea de escribir un guión sobre el robo de autopartes en México y cuál es su próximo proyecto. 


¿Cómo empezó tu vocación por el cine?

Mi vocación empezó como cinéfilo cuando tenía entre 14 y 15 años. Iba unas tres veces por semana  a la cineteca con un gran amigo mío que también es muy cinéfilo y luego debatíamos. A mí también me interesaba mucho la fotografía. Tuve la suerte de que mi madrina me regalara una cámara réflex para mis 15 años. Estaba interesado, sobre todo, en la imagen por la cuestión de la fotografía, pero luego me di cuenta de que también estaba la cuestión de la narrativa y los ambientes. Vi dos o tres películas que me marcaron mucho en mi adolescencia.

¿Cuáles fueron?

Una fue Nostalgia de Tarkovski. Estaba yo en pleno esplín adolescente y ésta era la típica película que le puede llegar a los adolescentes así medio punketos como era yo en ese entonces. Y Las Alas del Deseo de Wim Wenders, casi del mismo año, fue como descubrir todo un mundo. A partir de allí dije: -yo quiero hacer cine. Todavía no estaba muy convencido, era algo difícil porque mis padres no trabajan en el medio,  pero me aventuré.

¿Estudiaste cine en México?

No, estudié cine aquí en Francia, en Paris III en la Nouvelle Sorbonne, ahí tengo una licenciatura y luego hice un máster en Paris I. Allí se estudia más la parte teórica del cine que la parte práctica. El aspecto técnico lo aprendí leyendo manuales y practicando con cámaras de vídeo.
Lo que yo le saqué a Paris III son cursos interesantes de estética del cine, de historia del cine, de economía del cine, de guión. Los profesores muy intelectuales pero al mismo tiempo tenían un discurso muy interesante. Y sobre todo el hecho de estar aquí en París me permitió descubrir todo un cine que no conocía, y no sólo francés. Yo creo que esas fueron mis verdaderas clases de cine, en la cineteca que entonces estaba en el Palais de Chaillot.
En México hay dos escuelas de cine buenas, el CCC y el CECC, son las dos más antiguas, más arraigadas, hay luego toda una serie de escuelas privadas. No estudié cine en México porque yo tenía ganas de exilarme, tengo la nacionalidad francesa por parte de mi madre, aunque siempre me crié en México y fuera del gueto francés, me crié como mexicano. Tenía ganas de descubrir Europa, Francia, estando aquí vi que podía inscribirme en la facultad y me inscribí.

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¿Habiendo vivido tanto tiempo en Francia, por qué el tema de tu filme tiene tanto que ver con México?

Yo regresé en el '97 a México, hace ya 11 años, siempre pensé en México, estando en París hice dos cortos, empecé a trabajar como tercer asistente de dirección pero no me sentía bien aquí, no tenía nada qué decir, era un medio muy cerrado donde no tenía palancas que son vitales para poder empezar a trabajar aquí en Francia. Muy pronto volteé mi cámara hacia México. De hecho llegué a México con un proyecto de corto que había comenzado a escribir aquí y al año ya lo había dirigido, me recibieron muy bien.

¿Cómo surgió la idea de Partes Usadas?

Tenía ganas de hacer un largometraje, empecé a pensar en varias cosas y sobre todo pensé en algo que se pudiera hacer con un presupuesto mediano y en una estética que yo estaba buscando. Se me ocurrió que podía abordar el tema de las autopartes, de las refacciones robadas, y al mismo tiempo tenía ganas de hacer una película con jóvenes de entre 12 y 15 años, en una etapa un poco indefinida cuando no son adolescentes pero tampoco son niños, en un punto de cambio. Me los imaginé como una pareja de amigos con una amistad muy fuerte, haciendo travesuras, muy insolentes, rebeldes y llenos de vida, porque quería que mi película fuera así, que tuviera ese espíritu. Entonces embonaron bien esas dos ideas porque, de hecho, los pequeños ladrones de partes usadas son de esa edad.

¿Este tipo de situaciones se da en los barrios en los que has ido a filmar?

Sí, filmamos en La Ronda, un barrio que está en el centro-norte de la ciudad de México, en la frontera con Tlatelolco. Es un barrio donde uno puede conseguir todo tipo de refacciones. Ahí filmamos la gran refaccionaria del principio, del amigo del tío, cuando andan en bicicleta y dos o tres secuencias más, la pelea con el tío, todo eso fue filmado en La Ronda, un barrio de puras refaccionarias.

Es impresionante cómo las refacciones están colgadas casi hasta el techo…

Sí, es casi una instalación artística. Una fachada de esas la pones en el museo de Nueva York o de París, y parece una obra de arte contemporánea. Era un poco también eso lo que me gustaba, el atractivo visual, estos montones de fierros son visualmente muy atractivos y junto a ellos, la figura humana.
Filmamos también mucho en la Narvarte, un barrio de clase media, media baja, justo debajo de una colonia que se dedica mucho al robo y a la reventa de partes, que es la Buenos Aires. Los rateritos se van a la Narvarte a buscar piezas, las roban ahí y las van a revender al lado.
Esa sería la parte documental.


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¿Este lado documental, tiene que ver con el hecho de que esté filmado en exteriores, con poco decorado, sin mucha música?

Es una estética realista sin ser tampoco naturalista. Está mi visión de las cosas, hay un poquito de poesía por ahí, también. Es una ficción, hay personajes, hay un drama, pero es una ficción muy cercana a la realidad por el tema, por los personajes y porque es una estética que me gusta. Para mí el cine es de esencia realista, pero en ese realismo hay que encontrar también un poco de poesía. Por ejemplo Pasolini a mí me gusta mucho, es una gran referencia, y él hacía eso, películas muy realistas con actores no profesionales y profesionales, mezclaba un poco los dos por una cuestión de presencia de los cuerpos, sobre todo. Esas son mis fuentes. Es una película muy anclada en la realidad, los lugares existen y los intervinimos muy poco. Me gusta un cine que no modifica la realidad sino que la película se adapta a la realidad, a los lugares, a la gente.

En un principio pensé que te pudiste haber inspirado en Ladrón de Bicicletas de Vittorio de Sica.

Sí, un poquito, pero Ladrón de Bicicletas es un melodrama puro. Es muy realista pero es un melodrama. Mi película no es melodramática, sí le debe un poco al neorrealismo pero las películas neorrealistas como Ladrón de Bicicletas, Umberto D y otras, tienden mucho al melodrama, hay mucha música, muchos sentimientos que son padrísimos. Yo pensé en otras referencias más contemporáneas como los hermanos Dardenne, en cuyo cine está además la cuestión moral y en mi película también, sin ser moralista.
En Partes Usadas, hay un drama, o podríamos decir que es un melodrama sin los violines, sin las lágrimas, sin los desgarramientos que suele haber en el cine mexicano. A los mexicanos les encanta el melodrama, yo aborrezco eso.

Partes Usadas me recordó también un poco a Los Olvidados, de Buñuel.

Bueno, eso no es un melodrama, es una película muy cruda. La referencia venía en el paquete, de hecho hay un pequeño guiño en mi película. Pero son dos películas muy diferentes en el tono. Creo que la película de Buñuel es mucho más cruda, porque sus personajes son realmente de calle, son niños abandonados, los míos, no. Son niños que todavía tienen un marco familiar, no se drogan, tienen un oficio que los mantiene. No son marginales. Están en contacto con este submundo del vandalismo porque está ahí, al lado de su casa, porque los adultos los inducen un poco, pero son niños "buenos", los robos que hacen son travesuras. Hay una progresión en sus fechorías hasta que quieren entrar en el crimen organizado y tienen que pasar una frontera, y ahí la realidad los atrapa.

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¿Si tus personajes no son del todo marginales, cuál sería para ellos la motivación para robar?

El ladronzuelo ahí es Iván, más que Efraín. Efraín sigue los pasos de Iván porque Iván lo manipula un poco. Iván lo hace por irse a Estados Unidos, porque es la única manera que él cree tener para conseguir dinero. También por rebeldía, porque no tiene ningún marco ni escolar ni familiar que le diga que está mal, o que las cosas no son así. Yo en la película no digo que esté mal lo que hacen ni tampoco hago la apología del robo. Los pequeños robos que hace Iván al principio en el auto-lavado son pequeñas cositas. Lo hace por rebelde, algo de la edad, por despecho, su manera de afirmarse.

En los personajes de Partes Usadas está un poco esa mirada idealizada que tenemos los latinoamericanos sobre el primer mundo…

Mi película no es una película sobre inmigración, sí se aborda el tema de manera muy escueta porque es la motivación de los personajes para conseguir el dinero, es más un resorte dramático que otra cosa. No trato realmente el tema de la inmigración. Es una realidad cotidiana que vivimos los mexicanos y muchos latinoamericanos, y no creo que sea un sueño, creo que es una realidad porque la economía, por lo menos en México, no va bien, no hay trabajo y cuando tienes un trabajo se te paga mal, entonces la gente quiere ganar más dinero y vivir mejor. Estoy hablando de todas las clases sociales, incluso las clases medias.
Es una tragedia porque no podemos ser felices en México, es la tragedia de toda inmigración. La inmigración mexicana en Estados Unidos mayoritariamente es gente que se va únicamente para el dinero, no se van con el sueño de instalarse allá. La gran mayoría es una inmigración temporal, ir allá, mandar el dinero para la familia que quedó en México, construir la casa y luego regresar. Porque las raíces son muy fuertes y no se adaptan a Estados Unidos, no quieren adaptarse.

¿Hay una intención de crítica social en tu película?

No abiertamente, digamos que hago preguntas, pero no critico. No quería hacer una película panfletaria, creo que no lo es. Es una película descriptiva, pero no hay un discurso sobre sociología ni política. Hay preguntas que están ahí, sutilmente. Yo no quise marginar a mis personajes para no estigmatizarlos ni decir que sólo son los que viven en la miseria los que roban. También existe una clase media baja que está ahí, que es muy frágil. No sólo los niños de la calle que se drogan son los que roban, no es cierto.
No es una crítica social, es una descripción, es darle espacio a estos personajes en una película para que sean vistos y que nosotros veamos una parte de nuestra realidad, eso no te lo van a enseñar en las telenovelas y si te lo enseñan es de forma muy caricaturesca, muy burda, muy melodramática, irreal. Yo quería mostrarlo lo menos falseado posible.

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Con qué tipo de cámara se filmó.

Se filmó en Súper 16 mm y luego hicimos un hinchado a 35 mm. Se utilizó cámara al hombro y también agarrada con cinchos. Esto lo armamos con un tripié y un brazo, para luego agarrar la cámara a unos tensores. Es como si fuera cámara en mano porque permite la movilidad. Yo le describía perfectamente al operador los movimientos que quería y él se las ingeniaba para que fuera flexible y al mismo tiempo no fuera tan pulcro como lo puede ser una steady cam, con movimientos muy lisos. Yo quería que fuera así, rudo.
Se armaba con los actores como una coreografía, yo dejaba que ellos se apropiaran de los lugares, ensayábamos, veíamos cuáles eran los movimientos, improvisábamos un poco y yo le decía al fotógrafo -cuando hace ese gesto, sigue su mano, luego te vas al rostro, luego aquí. A mí me gusta mucho fijarme en los gestos, seguir los gestos con la cámara, eso es visualmente atractivo, le da riqueza visual, ritmo, un cine de gestos. La cámara en mano que me gusta es la de los Dardenne.


En cuanto a la música, hay un cuarteto de Beethoven que aparece en algunos momentos clave.

Yo al principio no quería usar nada de música por una cuestión de sobriedad. Detesto las películas que abusan de la música, es una herramienta muy fácil para dictar sentimientos, para ponerle ritmo a una secuencia.  No digo que no me gusten las películas con música, hay películas que usan mucho la música de una manera muy interesante, no forzosamente como música de fondo. Después pensé en el cuarteto de Beethoven,  una pieza que me gusta mucho, el segundo movimiento se me hace como muy cinematográfico, tiene un ritmo repetitivo y siempre quise usarlo en una película y dije: -bueno, ahora es cuándo. Las otras piezas de rock, la película me las fue pidiendo, le dan un toque lírico también.
La música está para dar un toque de gracia, de sutilidad en contraste con la frialdad, la rigidez de la ciudad, de la vida que llevan los personajes. La música aparece en momentos clave. Primero cuando están atrapando una lata, es un momento de soledad muy fuerte entre los dos amigos. Después cuando comienzan a trabajar juntos, hay un sentimiento de amistad muy fuerte allí y después cuando bailan, son momentos de puro lirismo, en todo caso es lo que yo quería.

Cuál es tu próximo proyecto

Se llama Las Horas Muertas, es una película que sucede en México pero no en la ciudad de México sino en la costa y es la historia de un joven de entre 20 y 25 años que empieza a trabajar en un motel perdido en medio de la nada, en la temporada baja durante el turno de día, en los momentos en los que no pasa gran cosa.
Se trata un poco de los encuentros que ocurren en ese motel, las parejas que van ahí regularmente de manera un poco clandestina y todos los personajes que están alrededor, y él se va a enamorar de una de las chicas. Es una película de un tema totalmente diferente, también va a tener un ritmo diferente, un poco más contemplativo pero igual va a ser una película descriptiva, con una estética también realista, con actores profesionales y no profesionales, muy anclada en la realidad. 


Entrevista realizada por Adriana Schmorak Leijnse
París, 4 de noviembre de 2008.